Amar sin sufrir

Publicado el 22/9/2013

Una interesante entrevista a la psicóloga catalana Silvia Congost sobre los principales retos para lograr una relación sana. Publicada en el diario La Vanguardia, a la firma de Irma Sanchís y que reproducimos íntegramente en nuestra Web por su interesante y útil contenido.

Insiste en la falacia del quien bien te quiere te hará llorar. Asegura que la gente que cree que el amor está ligado al sufrimiento tiene un problema emocional, y lo dice con conocimiento de causa: siendo ya psicóloga padeció una relación de dependencia emocional y, como no halló especialista alguno que la ayudase a salir de ahí, construyó su propio método, que hoy se ha convertido en su especialidad, y asegura que en diez sesiones consigue que sus clientes superen la dependencia emocional y los síntomas físicos que la acompañan (depresión, ansiedad, mal dormir...). Tiene una página web muy transitada y ha publicado Cuando amar demasiado es depender (Oniro).

¿Usted también?

Sí. Yo sufrí dependencia emocional, ese enganche tóxico que te va destruyendo sin que te des cuenta.

Cuénteme.

Siendo ya psicóloga empecé una relación: lo más maravilloso que me había pasado en la vida. Él era una buena persona, pero nuestra manera de ver la vida era distinta. De hecho, no coincidíamos en nada.

¿Cuánto duró?

Cinco años. Me adapté a él en todo, sólo hacía las cosas que a él le gustaban y que a mí me horrorizaban, como pasarme el fin de semana viendo la tele y todas las vacaciones haciendo surf.

Pues si no te gusta, es duro...

Cuando me recuerdo a mí misma dentro de un traje de neopreno en pleno invierno no me lo puedo creer: jamás me ha gustado ni el mar ni el frío. Y no es que él me obligara.

Si era feliz haciendo feliz...

En absoluto, así que empecé a quejarme, a exigirle que cambiara. Tomé conciencia de que no estaba bien y de que aquello no era lo que yo quería, pero cada vez que me planteaba dejarle me inundaba el pánico. Incluso llegué a ponerme enferma de ansiedad.

¿Aparecieron los celos?

Sí, mis inseguridades y mis miedo crecieron de manera desmesurada. Estuve un año intentando dejarle y volviendo con él como si me fuera la vida en ello.

¿Pidió ayuda?

Empecé a buscar información por todas partes sin resultados hasta que Walter Riso dio una conferencia en el Colegio de Psicólogos sobre dependencia emocional y comprendí que ese era mi problema, aunque no sabía cómo salir de ahí.

¿Cómo lo hizo?

Con las mismas herramientas que se usan para abandonar una adicción: contacto cero y superar con paciencia el síndrome de abstinencia, que lo hay y muy fuerte, incluso más que con otras sustancias.

¿Recaídas?

Sí, cuando la desesperación se apoderaba de mí, necesitaba coger el coche e ir a verle para calmarme. Pero cada vez que conseguía contenerme me sentía un poco más libre. Hoy doy gracias a esa experiencia que paradójicamente se ha convertido en mi especialidad. He visto que mucha gente padece dependencia emocional y no lo sabe.

¿A qué conclusiones ha llegado?

Amar es elegir, y elegir es ser libre, tener el poder, el control de tu vida. Necesitar es ser dependiente, estar atrapado en una relación que no te satisface. A menudo, equivocadamente, luchamos para que la relación funcione.

¿Y no es eso lo correcto?

La palabra relación y lucha nunca deberían ir juntas. Si una relación de pareja es sana, si tiene los ingredientes necesarios de confianza, respeto y aceptación del otro, fluye. Surgirán dificultades ocasionales, pero que no nos harán plantearnos si estamos con la persona adecuada o si debemos dejarla.

Usted plantea un ideal.

Tenemos una concepción del amor equivocada, todos partimos del fueron felices y comieron perdices, que es el cuento que nos cuentan de pequeños. No estamos preparados para afrontar los problemas y a menudo vamos reduciendo los límites de lo intolerable, de lo que no deberíamos aceptar, y desaparecemos en el otro.

¿Qué pistas nos dan las dudas?

Si dudamos de si queremos o no queremos al otro, la respuesta es que no le queremos.

Eso es muy radical.

Yo siempre propongo a mis pacientes que se tapen los oídos y miren, porque a menudo los veo sufrir muchísimo y cuando les pregunto por qué siguen ahí me responden: "Porque en el fondo me quiere".

Actos son amores y no buenas razones, que decía mi abuela.

Y también ocurre a menudo que le exigimos más y más amor al otro: cuando no es la persona adecuada, en lugar de aceptarlo como es, intentamos cambiarlo olvidando que lo elegimos así.

Tal vez las personas con dependencia no eligen, sino que son elegidas.

En efecto, es así en el 95% de los casos debido a su baja autoestima. Inconscientemente creen que no van a encontrar a nadie más que quiera estar con ellos.

¿Y pretenden ser su prioridad?

Sí, y aparece la queja: siempre que hablan de su pareja es para criticarla, pero tampoco quieren soltarla. Entrar en la queja es generar emociones de ansiedad y angustia.

También hay quien se resigna.

Hay una gran diferencia entre aceptar y resignarse. Aprender a aceptar al otro es el mejor regalo que le podemos hacer al otro y a nosotros mismos.

¿Cómo salir de la dependencia?

Tomar conciencia y sanar las causas que la provocan, que son la baja autoestima y el miedo a quedarnos solos. Hay preguntas poderosas que debemos hacernos.

¿Qué preguntas?

Si con esa persona soy más feliz que sin ella, qué me aporta, y si mi vida ha mejorado desde que estoy con el

 

Inma Sanchis

Diario "La Vanguardia"


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